viernes, 27 de mayo de 2011

Discriminación juvenil.


“Es el momento de poner en práctica propuestas pedagógicas que no enseñen a guardar silencio sobre lo que se piensa o se siente. Es hora de hacer realidad las pautas que no enseñan a fingir que piensa, participan o sienten.
Llegó el tiempo de impulsar una práctica y una teoría pedagógica que forme en la convivencia desde el reconocimiento y la palabra. “
Alfredo Ghiso.

Para la real academia de la lengua española, discriminar es dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, entre otros; esta definición se queda corta frente a la realidad que viven quienes son discriminados, y aunque todos lo hayamos sido alguna vez, hay casos realmente alarmantes que invitan a la reflexión y que van más allá de una tesis tan superficial.
Algo en lo que tiene razón la real academia de la lengua, es en que la discriminación puede darse por diferentes motivos, muchos realmente, de hecho se discriminan a quienes discriminan, se discrimina desde el lenguaje y trasciende a otros planos y esto se convierte en actos involuntarios y cotidianos. 

Los jóvenes por ejemplo son discriminados por la sociedad por su aparente incapacidad para racionalizar, joven es sinónimo de adolescente que quiere decir carente de algo, y como carente de sentido común es tratado por la sociedad en general; pero hay algo más delicado y es el señalamiento y la discriminación entre los mismos jóvenes por estrato, por religión, por gustos musicales, entre otros aspectos que dividen más a esta población.
Manuel López García, psicólogo y quien se desempeña como coordinador de la Escuela de Animación Juvenil de Medellín, dice que la discriminación obedece a  una lucha de poderes, en este sentido los jóvenes son discriminados por los adultos porque estos últimos tienen miedo de perder su lugar y no dejan ingresar a los jóvenes a sus esferas de poder.

Hay tipos de discriminación que son aceptadas como convenientes, es el caso de los jóvenes que pertenecen a bandas delincuenciales. Un informe revela que 10.000 jóvenes en Medellín hacen parte de estas organizaciones delictivas, una de las razones por las que los jóvenes son incluidos dentro de las bandas es la incapacidad que tienen las leyes colombianas para regularlos, sin embargo en ocasiones anteriores se ha hecho referencia a los jóvenes no como victimarios  sino cómo víctimas de una descomposición social, y de falta de acciones por parte del Estado. Ese reconocimiento mitiga un poco esa concepción del joven como criminal por diversión.

Para Laura Cano una joven de 17 años la razón por la que muchos de los jóvenes recurren a la delincuencia es por falta de oportunidades  “en el momento en el que estamos es muy privilegiado quien sólo tenga que estudiar, y no nos dan trabajo porque no tenemos experiencia ni un título”. Según Laura quien acaba de salir del bachillerato es complicado conseguir un título universitario cuando no se tienen recursos para acceder a una buena educación “las universidades privadas son muy costosas y en las públicas no hay casi cupos”.
Laura dice que en ningún momento intenta justificar a  quienes cometen actos delictivos, porque si bien la situación es complicada, hay otras maneras de salir adelante, pero también es consciente de que hay que comer, hay que pagar cuentas, y si se quiere ser mejor, hay que buscar una buena educación, “uno como joven no está pidiendo que le entreguen todo listo, pero si por lo menos que le brinden oportunidades y que apoyen nuestras iniciativas”.

Por otro lado advierte de la presión social que tiene los jóvenes, la industria todos los días está sacando nuevas maneras de encerrar a los jóvenes en la idea de que entre más se tenga más aceptado socialmente va a ser, lo que genera disputas entre contemporáneos. 

Otro tipo de segregación, que es vista como positiva, es de la que son víctimas los jóvenes que escuchan música “pesada”, géneros como el rock, punk, ska, metal y sus similares con considerados como ritmos que incitan a la violencia, a la rebeldía y al libertinaje, quienes escucha y producen contenidos pertenecientes a esto géneros alternativos son vistos como delincuentes e inadaptados sociales. 

Cambiar esa concepción errada sobre estos jóvenes y mostrar la vida como un valor sagrado son los objetivos principales del festival Altavoz que hace parte de los programas que tiene la alcaldía de Medellín que busca generar espacios de convivencia entre los jóvenes, con base en el reconocimiento de las diferencias en cuanto a tendencias juveniles, estilos de vida, concepciones y géneros musicales como fuentes de riqueza cultural de la sociedad.

Para Santiago Arango, comunicador social – periodista  y director de Altavoz, aunque Medellín a superados algunos problemas consecuencia de la discriminación, no dejar de ser una ciudad “goda” que en pleno siglo XXI sigue discriminando por preferencias sexuales, por estrato socioeconómico e incluso por raza. Según Arango lo que hace más grave la discriminación hacia los jóvenes es también la discriminación entre ellos mismos  y agrega que “la diferencia es importante siempre y cuando cree debates y confrontaciones verbales fundamentadas”.

Para Julieth Londoño, perteneciente a la Escuela de Animación Juvenil la idea es visibilizar a los jóvenes como actores activos de la vida en comunidad, Julieth separa los términos visibilizar e incluir, porque “en esta sociedad la inclusión quiere decir que se es aceptado siempre y cuando la manera de ser de los jóvenes cumplan con los parámetros establecidos como normales y esa inclusión no es para vivir conforme a las diferencias , sino que busca una homogenización de ideas y de maneras de actuar”, en caso de que esto no fuera así, y los jóvenes llegaran con propuestas nuevas que alteren en transcurso de lo que ya se viene haciendo, serán excluidos de las esferas públicas.

Laura, que está a la espera de pasar a la Universidad de Antioquia y de conseguir un empleo dice que la discriminación no se acaba de la noche a la mañana pero que hay maneras de estrechar las brechas que se han formado a través de los año y que impiden que todos nos relacionemos haciendo de la diferencia la fortaleza, “primero que todo se debe aceptar que hay otro que es diferente a mí, y que no por eso deja de valer y deja de hacer parte de la construcción de comunidad”; por otro lado, Santiago, Manuel y Julieth proponen mesas de trabajo en la que todos los sectores hagan presencia y acojan a la juventud como parte importante de la sociedad, pero que la acojan aceptando sus diferencias y sus procesos individuales de desarrollo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario